Salinas me dijo una vez:
"Andas por lo que ves. Nada más"
Y nos perdimos en uno de esos domingos sin prisa.
Observé que existían manos frías de escaparate abandonado, pequeñas margaritas entre zócalos, paredes quemadas por el sol y esquinas regaladas al olvido. Deseé memorizar el nombre de todas las calles por las que pasamos pero, igual que ese sobre rojo sin enviar que ya ni recuerdo qué escribí y quiero no desvelarme el misterio, preferí poder recordar siempre que habitan manos y margaritas y que el sol quema y que el tiempo pasa. Que la vida se cuela por cualquier rincón y que no espera. Que ocurre en cualquier lugar y que no importa el nombre.
lunes, 17 de agosto de 2015
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