martes, 8 de septiembre de 2015
El impás
Han vuelto a poblarse cada cuatro esquinas de inquilinos. Más que de inquilinos, de televisores que enmudecen, radios matutinas, cláxones a todas horas. Recuerdo que aquí en verano, los grillos son cadenas de bici centrífugas, sin pedaleo. Es verano porque los grillos son centrifugueante metal oxidado. Pero ya no. Ahora ladran perros al paso de sirenas, ladran como todo lo que no ladramos, lo que no ladré. Y lo que queda del verano es el impás de ese instante brevísimo de no encenderse las farolas y andar a tientas a las ocho sin darnos cuenta. Qué cerca quedaría todo de mis yemas. Me empeño en la noche, la abrazo. Que nadie habite cuatro esquinas, que no se enciendan las farolas. Me quedo a tientas, con los aullidos.
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