miércoles, 5 de agosto de 2015

Crónica de mi procesión

En el imposible acostumbrado marrón de su mirada, era capaz de ver constelaciones a plena luz del día. Un proceso similar al de observar cómo se hace de noche a las 18:30 de cualquier fecha de enero, en la que nadie espera que a esa temprana hora se arrope la tarde con su letargo.
Toda esa luz, hacinada en un extremo; el cénit haciendo el pino, burlándose de la eternidad.
El marrón le bastó a la turbada crónica de mi procesión.

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