domingo, 18 de agosto de 2013

Horacio.

Horacio encima de una hoja de perejil.
Encima de Horacio, su casa. Una espiral de quitina, una ge mayúscula como exoesqueleto.
Pero Horacio quería roja y verde libertad. Horacio quería amapolas de parasol y hortensias de satélite.
Una sombra lo acoge y lo traslada en el tiempo, con suma delicadeza, le une con el alma máter, senderos donde cosechar glauca vida. Ahí se encontró con las hormigas y campaban libremente los anterópodos, coreografiados con ese ritmo frenético y desorden estudiado. Macarena se le acercó:

-Saturno es una margarita y este tiesto la barrera de fango. Me llamo Macarena. No me comas, soy gente.
"Cualquier día de estos me hago astronauta. Con mis antenas encenderé y apagaré los astros a mi antojo. Escupiré a la Tierra y un asteroide como mascota educaré. Me limpiará de basura espacial para llenarme de no-aire. Compresión. Comprimirme. Implosión. Infinito en mí". A la vez que Horacio platicaba interiormente, con el otro cerebro le dio respuesta a la formícida.

-Estoy a régimen, es importante dejar de comer para algo que ahora no recuerdo. Podemos andar de la mano por estos lares, si aún me queda de eso alimentándome de la estupidez del Sol. Quiero raquitismo. Devolvedme la nieve. Refugiadme en blanco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario