Me gusta esta frase.
Posiblemente sea uno de los principios básicos de la realidad. Aceptar las
cosas difíciles de desentrañar como cosas difíciles de desentrañar, aceptar el
hecho de sangrar. Disparar y sangrar. Es
que, cuando te disparan, sangras.
Era justamente por eso
por lo que yo escribía.
*
Y entonces lo comprendí.
Habíamos sido unas magníficas compañeras de viaje, pero, en definitiva, no
éramos más que dos solitarios pedazos de metal trazando su propia órbita cada
una. Desde lejos parecían bellos como estrellas fugaces. En realidad, sólo
éramos prisioneras sin destino. Encerradas cada una en su propia cápsula.
Cuando las órbitas de los dos satélites se cruzaban casualmente, nos
encontrábamos. Quizá simpatizábamos. Pero sólo duraba un instante. Momentos
después volvíamos a estar inmersas en la soledad más absoluta. Y algún día
arderíamos, y quedaríamos reducidas a nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario