viernes, 26 de mayo de 2017

"Non!"

En la facultad recuerdo que obtuve, a expensas de una matrícula en el último año, unos créditos de libre disposición. Me apunté a la asignatura "Cognición y narrativa". Durante el curso de la asignatura  se destriparon -entre otros muchos textos y subtextos y pseudotextos y textecitos- Al faro, de Virginia Woolf. Se hablaba de la peculiaridad de esa novela al tratar de hacerte entrar en la conciencia de la voz narrativa, la protagonista, a la que le ocurren o le dejan de ocurrir ciertas cosas. Un estilo al que, con toda honestidad, Woolf nos tiene acostumbrados en cualquiera que sea la vía de comunicación que esté usando. El proyecto que contaba para nota, con toda esa absurdidad relativa a lo académico y lo dogmático, constaba de sacar partido e investigar en particular aquello que habíamos  aprendido en las clases soporíferas, sentados en círculo imperfecto, lleno de vacíos y sin medio apunte de algo que hiciera reflexionar. Todo era en cuanto a palabras, sobre papel, los escondites de la gramática y la pragmática en tinta. Y yo, que reconozco que soy bastante pedante y que mi osadía se complementa con la modestia, decidí reaccionar a todo lo puramente visual que crea imaginario social entre todos. Quizá le pareció antropológicamente desesperante esa simbología misteriosa de las imágenes y que haya discursos que solo puedan fluir mediante éstas y que sin eso no existiría la fotografía o que yo hiciera algo para lo que él debía prepararse para analizar. Me hizo ir a su despacho para reaccionar cara a cara (con imágenes, ¡oh, vaya!) a lo que le había sucedido leyendo mi trabajo. Me asignó un notable que merecía mi pasión pero no encajaba con su enfoque cognitivo conductual (porque la nota era de lo único que me quería hablar), y me dejó marchar. Y que hoy he trabajado un texto de Marcel Marceau y acordándome de lo anteriormente mencionado, cómo me hubiera encantado darle treinta apuntes con menos prudencia y más osadía.