lunes, 8 de diciembre de 2014

Cómo no ser de tiza en un día de lluvia

Sufro remolinos de viento en mi garganta. Una matriz de fugas que imposibilito al exterior. Cuento cómo esos remolinos se mueven sin destino, ni partida. Solo se mueven dentro de mí, de un órgano a otro, desatando corriente en las venas y arañando mis cuerdas vocales. Y no hablo, soplo viento. Creo saber qué significa volar y anhelarlo; creo en el jardín pero ¿y la lluvia?
Me llama la gravedad, como la luz cegadora del Sol a Ícaro. Yo Ícara, quiero volar; cojo mi tinta y quiero volar. Mi voz, dónde está. Quiero desaprender el tacto y que eso sea mi frágil contacto con el vuelo. Pero no vuelo, yo no consisto. Soy tiza en un día de lluvia.

sábado, 18 de enero de 2014

No ser nada

Peter Doig - Blotter (1993)

Hay lugares, hay sitios, hay espacios que te invitan a mirar a través del espejo que un mundo te muestra. Sólo tiene visión el que sabe escuchar. Sólo tiene oído el que sabe mirar. Me gusta este enajenarse a mitad de algo, encima de una placa fina de hielo, de un charco inmenso, de un invierno blanco de tormenta de lluvia de no-blanco, de filtro, de uno mismo ser herramienta. Verse de repente. Un reflejo, de lo que sea. De lo que uno mismo sea, signifique, no se diga, se sea, ni signifique. Ser papel secante. Ser reabsorbido por el sistema. El verdadero sistema. El de formar parte de un paisaje, de un mundo, de un sistema verde, blanco, azul. De un sistema cielo. De un sistema todo. Y que todo ahí en el reflejo, en mí esté. Quiero hacer la contención, porque todo lo que pasa es lo que soy, lo que me pasa. Ser esa blancura, esa branca y esa fina capa de hielo. Ser miembro de lo frágil, de lo puro, de lo sucio, de lo solo, de lo único, de lo común, del todo, de la contención. No ser nada.