El metro está para observar. Por favor, no me toques. Por favor, no me mires. Solo deja que lo observe todo, me fije en algún detalle, acaricie el barrote que nos separa en el asiento de plástico divisor de mentira. Déjame que note cómo me desplazo en el tiempo. Que me confunda el aquí y ahora dentro del metro. No interrumpas la confusión.
No me mires.
No notes mi presencia.
No me toques.
Déjame observarme.
jueves, 28 de noviembre de 2013
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