sábado, 12 de octubre de 2013

Cartas al adiós

Querido Señor Gato:

Tengo dos cosas que explicarle al papel.

Primera parte.
Tu historia con nosotras.

Es un gato un poco arisco y siempre tiene miedito, pobre, porque fue un cachorro triste. Gracias a mami, que le hizo de mami buena, le curó mucho y ahora es un gato asustadizo feliz con familia bonita.


Segunda parte.
Mi historia contigo.

La vida blanca siempre me ayudó en los días grises. Es usted un bigotitos fenomenal. Quisiera recordarlo siempre con monóculo y chistera, corriendo por los bosques, limando uñas en abedules y jugando con las hojas secas que son los pájaros del otoño. Por favor, recuérdeme como una figura de barro concentrada en su café por las mañanas. Caricias en el pescuezo y comilonas a escondidas. (Tus riñoncitos al quince por ciento hacen que te quiera al ciento ochenta y cinco por ciento).
En Gatilandia hay buenas cajas vacías que sirven para esconderse e imaginar y dejar en el olvido a los juguetes de gato.


Al gato blanco de Mar.